NUNCA SERÉ CAPAZ DE ABRAZARME



Siento como han sido arrancadas, me duele mi espalda, profundamente noto las heridas y si me paso la mano puedo notar las cicatrices de esas alas que llegué a tener.
Inocentemente saltamos y creemos poder volar y así lo hacemos hasta que nos damos cuenta que no hemos estado volando, simplemente caminábamos de puntillas para alejarnos de este suelo ardiente.
En estos momentos, claramente puedo notar como la gente que jamás tuvo alas están tranquilas, inalteradas, pacientes con el mundo. Les da igual si es de noche, les da igual si es de día, ellas continúan sin saber el por qué.

Ellas me llevaban a lo más alto y el Sol, deslumbrante, me hacía retroceder; subía y bajaba, me alzaba y caía. A veces me derrumbaba a lo más bajo, pero aquellos ángeles de mi alrededor me inspiraban para ser como ellos, para poder surcar el infinito cielo para siempre hasta que un día, un día descendí y aquellos miedos y angustias que me perseguían consiguieron cazarme por fin, abatiéndome hasta el más bajo subsuelo, escondida en lo más oculto de este mundo.

A partir de ese día, sentía los rayos del Sol calentar este profundo agujero y rodeada de flores empecé a notar como cada una de ellas se llevaba todo mi oxigeno y no me permitían respirar. Ellas estaban bien aquí, ellas eran de este lugar, se conformaban con eso pero yo, yo que una vez alcancé el Sol no podía estar satisfecha. Comprendo el porqué ellos son así, pero quizás ellos no comprendan nunca que es volar.
A veces, me encierro en mi misma, buscando consuelo con mis propios brazos pero otras recuerdo cuando simplemente me metía entre tus brazos y me dejaba sanar, me aliviaba temporalmente en brazos de otros. Dolía ver como todo se esfumaba y tu tenías que mantenerte en pie, dolía ver a todos en pie y saber que tú jamás serías como ellos. Que tu  jamás comprenderías porqué volaban sin esas alas.

Nunca lo comprendí, pero si comprendí que quizás muchos de ellos no volaban, muchos de ellos llevaban un bonito disfraz, que ocultaban todo pero que tu eras capaz de ver, tu intuías el porqué y sabías el porqué. A ellos les daba igual, ellos nunca tuvieron tiempo para poder preguntarse estás preguntas, igual que yo no tuve tiempo de descubrir que era esa "felicidad".

Así que los días pasaban y han pasado. Ahora me abrazó acariciándome las cicatrices, sabiendo que lo que estoy abrazando es una simple ilusión que he podido crear por qué sé que jamás podré volar.



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