EL REFLEJO DEL AGUA, LA BARRERA ENTRE TÚ Y YO
Después del cambio aceptas el tiempo.
Desde cualquier ángulo, el muro no nos permitía ver lo que de verdad era.
Todos percibían una realidad de ti que no era, pero como si ellos fueran un espejo, tu te veías de aquella falsa manera. Dando por hecho que tu eras como todos los demás creían.
Nadie profundizaba dentro de ti, nadie sabía quien de verdad eras y tú. Por culpa de ese muro, jamás podrías expresar todo tu ser. Nadie descubriría tu verdadera esencia.
La superficie azul del agua te reflejaba pero a pesar de verte, allí, vibrando y cambiando, ese tú no era el real. Sabías. intuías que eras algo más que esa sonrisa falsa y terminaste por querer acercarte a tu verdadero yo, a tu yo más puro. Profundizaste tanto que acabaste por hundirte en ese océano. Muy, muy profundo, te ocultabas y te protegías de todo aquello que podía causarte daño, creías estar a salvo allí, solo y alejado. Permitiendo que los demás vieran únicamente la parte de ti más sencilla, menos complicada, más fácil, menos irracional pero todos veían de lejos, nadie se animaba a mojarse un poquito de ese fluido cristalino y tembloroso. Verlo desde fuera era fácil pero tú ,desde el fondo del profundo océano de infinita oscuridad y vacío, eras incapaz de romper ese muro.
Entrar fue muy fácil y sin embargo, salir era casi imposible.
Era el mismo líquido en el que alguna vez todos habíamos navegado pero el sentimiento que te producía era de soledad y tristeza y mientras más tiempo permanecías ahí, más sentías que te alejabas de toda realidad existente, más sentías que te alejabas de poder ser tú y darle al inmenso universo tu verdadero yo.
El tiempo pasaba muy lento dentro de esa dimensión remota, alejada del corazón de todos y cada uno de nosotros. Allí todos los segundos eran tristes y aburridos. Allí los colores que podías ver eran negros y azules... y apenas llegaban algunos destellos de sol, que eran los únicos que te permitían ver, que te ayudaban a poder mantenerte serna y cuerda.
Seguías esperando a alguien o algo que rompiera ese cristal, que cruzara esa barrera aquosa, que penetrara esas murallas que conformaran todo tu ser y que de esa grieta entrara la luz más cálida y resplandeciente. Que brotara la hermosa flor que eras y que por fin te sintieras libre, que por fin todos vieran lo que eras y que por fin, tu pudieras ver todo lo que eras en realidad.
Después de que pase el tiempo, aceptas el cambio.
Desde cualquier ángulo, el muro nos permitía ver lo que de verdad era.
Todos percibían una realidad de ti que no era, pero como si ellos fuesen un espejo roto, tu no te veías de aquella falsa manera. Dando por hecho que los demás no eran como tu creías.
Nadie profundizó dentro de ti, nadie sabía quien eras de verdad y tú. Gracias a ese muro, te diste cuenta de que jamás les querrías expresar todo tu ser. Nadie descubriría tu verdadera esencia.
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