APRENDER

 Camino tranquilamente, observando mi alrededor; viendo como caen las hojas de cada uno de los diferentes árboles, como los niños juegan en los parques, a aquella señora que corre detrás de su perro, las hormiguitas marcando un camino. 

Cada paso que doy es lento pero bonito. 

No puedo pensar en nada, tan solo puedo observar y me tranquiliza ver mi alrededor: cada ser tiene un motivo, cada uno vive a su manera y pienso que eso es maravilloso.

Esta yo está en aquel claro de bosque, cuidando sus plantas y yendo cada tarde a caminar con su perro. Esa yo sé que está lejos de aquí pero puedo notarla y sentirla y me hace feliz poder ser este tipo de ser, ser esta criatura dulce pero alocada.

Mientras camino puedo divisar un banco, un banco donde un día cualquiera, entre este caos, me encontraba yo, llorando desesperadamente, llorando por no aceptar esa realidad en la que me encontraba.

Y mis pasos empezaron a ir más lento y mi mente empezó a pensar, no pensaba cosas buenas pero tampoco malas, tan solo intentaba recordar como me sentía aquel día en ese momento, llorando a pleno pulmón en ese frío y solitario banco.

Sin duda, cada paso que daba era para avanzar, avanzar disfrutando de cada una de las cosas que veía y sentía en cada momento, no quería ir más rápido pero si más lento.

Nunca tuve miedo pero si aquel día, aquel día no podía más, mi pecho se quebró, mi mente explotó y aquella yo que vivía en el bosque se esfumó, tan solo sentía mi alma sollozar. ¡No sentía el canto de los pájaros, no veía la luz entre los árboles, incluso aquellos coches que pasaban y odiaba verlos no podía notarlos! Me sentía muerta, sentía que ya no valía la pena vivir, que no quería continuar así, no entendía porqué a mí, pero tampoco entendía porque no habia por qué. Quería huir pero mis piernas no se movían, quería golpearme pero mis manos no se podían mover. Aquel día, fue el peor de mi vida.

Respiré fuerte e intenté caminar disfrutando de todo lo que podía rodearme. Luché para continuar viendo el Sol mientras caminaba. Aunque hoy, me sentía parecida a aquella yo que estaba ahogada bajo el agua.

Tal vez el sol me había golpeado mucho o desde aquel día no hacía falta regarme más, porque solo sentía que tenía que crecer. Quería crecer y evitar que nadie se sintiese así, quería que todos quisiéramos ayudarnos unos a otros, quería caminar de la misma manera que lo había hecho siempre y llegar a amar de manera incondicional a cada cosita que estuviese delante de mis ojos, poder enseñar a los que no sabían y aprender de aquellos que sabían más que qje yo.

Así que cuando llegué a casa me puse a escribir esto, porque yo misma me enseñé a qué tan solo tengo que volver a aprender a caminar mientras pienso en aquel claro del bosque donde sé que está mi verdadera esencia, donde sé que está mi verdadera yo.

Así alguien pueda leer esto y aprender de uno mismo que lo más importante es encontrarse en ese lugar donde tan sólo sientes tranquilidad. 

Comentarios

Entradas populares