RAÍCES


- De aquel árbol surgirán flores que pronto emergerán frutos para saciar a tus hijos. - Le dijo el padre a su hijo.
- ¿Papá por qué tengo que pensar en alguien que no sé si llegará? - Preguntó el niño
- No sabes si vendrán pero ¿y si vienen?
- ¿Qué deber tengo yo de cuidarlos y preocuparme por ellos?
- Porque pasarás tiempo con ellos y les amarás, porque les querrás y querrás que estén bien y sean felices. Porque son iguales a ti. -Le dijo el sabio hombre.
- No lo entiendo muy bien papá pero ¿podemos plantar un árbol tu y yo juntos? Sería divertido.
El padre se miró sus agrietadas y ásperas manos y le sonrió al hijo.
- Pues claro.

Tras pasar unas horas, tras plantar el árbol, tras pasar unos años, el niño creció y fue a ver a su anciano padre.
- Hola papá, tiempo sin verte. - Dijo aquel hombre robusto y pulido.
- Hola hijo, ves la huerto a coger una fruta, anda.
El chico obediente y callado fue y cogió la fruta de ese árbol que plantaron años atrás.
El hombre se puso a comer el fruto con su hijo.
- Papá, ahora entiendo las palabras que me dijiste. Ahora que he pasado tiempo con las personas puedo llegar a comprenderlo, el deber de cuidar a los demás. Crear vida puede ser muy bonito y divertido pero ver como esa vida ha florecido gracias a ti, ver como tu la has cuidado para su porvenir, para que sea fuerte y robusta y soporte el más frío de los Inviernos puede ser incluso más bonito. Aunque creo que lo más bonito es que me haya divertido y lo haya aprendido contigo, sin ti nunca hubiese podido entenderlo.
- Me alegro que lo hayas entendido. Creo que ahora mismo eres como un fruto o un árbol frutal, que puedes crear o ayudar a otra vida. Creo que has podido llegar a la plenitud aunque ten en cuenta que aún necesitas agua y si en algún momento ya no puedes ayudar o servir de nada, recuerda que de la madera aun puede salir un ardiente fuego que seguirá aportando calor por mucho más tiempo a alguien.
El hijo no respondió y continuó comiendo de aquel aguado fruto, pudiendo sentir cada intenso sabor en su húmeda lengua.
Deseando que todos fueran capaces de comer un fruto de ese árbol.

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