EN LA OSCURA CIUDAD BAJO LA LLUVÍA

  El hombre fue caminando, sin rumbo, bajo la lluvia y la Luna llena. La Luna detrás de las nubes cubrían toda la solitaria ciudad, permitiéndole a algunas afortunadas estrellas el poder de brillar en esa oscura noche..
Ese hombre dejaba todo lo que tenía atrás, en un día triste y desolado, donde parecía que no habría esperanza, pero el sabe que la Luna y las estrellas brillan, como sus ansias de vivir. 
El continúa caminando, sigue lloviendo y los edificios lo envuelven entredejando ver esa luz ténue que caía a través de sus lisas paredes, sin nadie en las calles, solo él, caminando por la gran y fría vía.
El seguía avanzando hacia ningún lugar, cuando a lo lejos, divisó una cajaque guardaba maullidos en su interior. Poco a poco, gota a gota, el hombre se acercaba más a esos sollozos dulces y  a su vez angustiados. Cuando llegó a ella pudo ver que sus sospechas eran ciertas, en su interior se hallaban 4 gatitos. El hombre que no tenía nada, solamente acompañado de su oscuro paraguas que lo protegía de la lluvía, miró a los gatitos y sonriendo los cubrió con lo único que llevaba, con aquel simple paraguas. Fue gracias  a eso qué el hombre pudo divisar bien el brillo de la Luna y las estrellas que lo cubrían y echó a llorar, sollozó a su vez que el cielo. sólo, de pie, bajo aquella llovizna chispeante, hasta que uno de los gatitos salió de la caja y le mordió el pantalón. El hombre, que nunca había mirado hacía atrás, esta vez se giró, está vez alguien le llamó. Bajó su mirada triste mirada y su rostro mojado y vio al pequeño y dulce gatito gris atrigado.
Entonces el hombre se dió cuenta, que el gatitio lo necesitaba y qué quizás, él también necesitaba a aquel gatito abandonado.
El hombre dio media vuelta, esta vez no con el paraguas, si no con el gatito entre sus brazos y su americana negra. Volvió de donde vino y vió que detrás suyo, empapadas y sin paraguas, estaban todas aquellas personas que algún día el quiso.

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